ACORDES Y (DES)ACUERDOS

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Hoy me he despertado de lo más musical, incluso más de lo normal. Quiero decir que cada día me levanto tarareando una canción, pero hoy es diferente, estoy exultante. Quizá sea la mezcla de felicidad que recorre mis entrañas porque ahora dentro de un rato me voy a mi querida Sevilla y, encima, a un concierto de Coque Malla.

Así que he pensado que es el día perfecto para hablar de la música en el Cine, que a veces es tan importante como la propia película y otras, incluso más. Lo que haré será proponerles las bandas sonoras que mejor recuerdo de algunas de las películas que más me han gustado y asignarles a cada una la ocasión idónea para disfrutarlas.

Para viajar: la perfecta para esta servidora es “Easy rider” (Dennis Hopper, 1969). Sus canciones y la presencia de Jack Nicholson es lo único salvable del film, coincido con Carlos Boyero cuando la describió como “un tripi chungo”. Mezcla de blues y rock, a nadie se le escapará el “Born to be wild” de Steppenwolf, todo un himno para melómanos.

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Para crear ambiente en una cena romántica: a mí me ganarían con una buena botella de Lambrusco muy frío y el disco de “Blue Valentine” (Derek Cianfrance, 2010) de fondo. Desde luego sé que hay millones de melodías propias para una cita, pero esta película es muy especial para mí por motivos ajenos al conocimiento popular y la música se quedó retenida en mi cabecita durante días. La mayor parte de los temas corresponden al grupo neoyorkino de indie-folk Grizzly Bear.

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Durante el sexo: si has tenido suerte en la cita anterior y la noche tiene vistas de alargarse durante horas, yo cambiaría el CD de “Blue Valentine” por la memorable, magnífica, brillante y archiconocida música de “Requiem for a dream” (Darren Aronofsky, 2000) que realizó el compositor británico Clint Mansell. A algunos les parecerá demasiado trágica, pero yo creo que es muy adecuada en un contexto sexual y sus ritmos altibajos pueden marcar a su vez otros movimientos…

Mientras te arreglas para salir de fiesta: un sábado noche es normal salir de fiesta. Y si vas a salir de fiesta es normal estar contento. Y si estás contento es normal bailar. Y si quieres bailar es normal hacerlo cuando escuchas temas como “Stayin´ alive”, “Night Fever” o “Disco inferno”. Entonces, lo normal es que pongas en tu reproductor el disco de “Fiebre del sábado noche” (John Badham, 1977). Por estas canciones no pasan los años (lástima que no podamos decir lo mismo del protagonista de la cinta, porque el pobre John Travolta nunca estuvo más guapo que en ésa película).

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Hacer un regalo: aquí vamos a diferenciar futuros destinatarios. Primero, si quieres hacer un regalo, sea a quien sea, y no sabes qué comprar, la banda sonora de “(500) Days of summer” (Marc Webb, 2009) será un acierto seguro. Esta es una de mis películas y bandas sonoras favoritas, nunca me canso de escucharla, y se adaptará a cualquier gusto musical por la diversidad de temas y melodías. Si no te termina de convencer este disco (cosa que, por cierto, no entendería), también puedes optar por “High Fidelity” (Stephen Frears, 2000), que incluye temas de Bob Dylan, Stevie Wonder, Elvis Costello, Elton John o Belle & Sebastian, entre otros grandes de la música; es una genialidad imposible de disgustar a alguien. Si el regalo es para tus padres, suegros, o cualquier persona mayor de 50 años (vamos a poner), o también para amigos que se salen de lo común y que no alcanzan los 30 pero se vuelven locos con algún cantante de este CD…ejem…quedaréis de maravilla con la música de “El mundo según Barney” (Richard J. Lewis, 2010). Leonard Cohen Ella Fitzgerald consiguen una banda sonora que evoca tintes nostálgicos sin caer en el melodrama. Y para el novio/a, mi propuesta es “Moulin Rouge” (Baz Luhrmann, 2000), híbrido romántico-rockero. Perfecto.

Por último, para relajarse, trabajar o cualquier actividad que no implique grandes alteraciones corporales, yo acudo, además de a Coldplay y Russian Red, a la composición que Clint Mansell hizo a partir de la mano de Tchaikovsky y su “Lago de los cisnes” y que pueden encontrar en “Cisne Negro” (Darren Aronofsky,2010).

Las razones son evidentes, ¿no?

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¿QUÉ HACE UN ACTOR COMO TÚ EN UN FILM COMO ÉSTE?

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Parafraseando a Burning me hallo, porque esto es lo que me he preguntado al ver a algunos de los grandes actores y actrices de todos los tiempos en películas más estúpidas que la nueva Ley de la Academia por la que no se va a premiar a los intérpretes menores de 16 años.

Estuve viendo “Resacón 2” (Todd Philips, 2011) y al descubrir en el cast a Paul Giamatti, que se encontraba en mi memoria cinéfila reciente con “El mundo según Barney” (Richard J. Lewis, 2010), lo primero que pensé fue “What the hell…?”; lo segundo, que siempre puedes esperar cualquier cosa de un actor, tenga el nombre que tenga.

El trabajo de Giamatti en “El mundo según Barney” es como su personaje, brillante (todavía no comprendo su ausencia entre los nominados a los Oscar), tierno, cabrón, irónico, entrañable, consigue perfectamente transmitir ese punto de tragicomedia que define a la película, y regala una de las escenas más bonitas y emotivas que he visto en los últimos años (me la reservo, porque desvelaría cosas de la película y no estoy muy segura de que goce de gran popularidad… por lo que aprovecho para recomendársela absolutamente). Si alguien es capaz de conseguir un trabajo como el suyo en esta peli no puede dejarse convencer por veteasaberquién y dar un paso atrás en una carrera en pleno ascenso.

Natalie Portman debió acabar tan exhausta y traumatizada tras su excelente papel de Nina en “Cisne Negro” (Darren Aronofsky, 2010) que se le trastocaron un poco las neuras y aceptó trabajar en “Sin compromiso” (Ivan Reitman, 2011) junto a Ashton Kutcher. No me malinterpreten, no me cae mal, el tío está bastante bueno y tal y además es graciosillo, pero no se puede decir que esté llevando una carrera muy respetable… y que una actriz del calibre de la Portman estrene una película tan insulsa y olvidable como la de Reitman después de la obra maestra del autor de “Requiem por un sueño” (2000) es un fallo que se lo perdonamos sólo por esa carita que tiene. El caso de la actriz de origen israelí es de los más graves que analizamos aquí porque se trata de una chica que debutó haciendo de asesina a sueldo en la estupenda “El profesional (Léon)” (Luc Besson, 1994) y que se “comió” al resto del reparto de “Beautiful Girls” (Ted Demme, 1996) patinando sobre hielo. Además, de haber trabajado con algunos de los mejores directores del cine moderno, como Anthony Minghella, Woody Allen, George Lucas, Mike Nichols, Milos Forman, Wes Anderson, Wong Kar-Wai o Jim Sheridan, y haber demostrado su enorme madurez y profesionalidad con “V de Vendetta” (James McTeigue, 2006) y “Cisne Negro”, por ejemplo. He de confesar súbitamente que pese a este CV yo me quedo con su personaje en una de sus pelis menos conocidas, Garden State (Zach Braff, 2004). No sé, será que la gente algo desequilibrada psicológicamente es mi debilidad…

Mis amigas y yo solemos recurrir a un juego algo “heavy” cuando nos invade el aburrimiento o cuando estamos un poco borrachas. Consiste en dar a alguien a elegir entre dos opciones, y entiéndanse por éstas preguntas como “¿Qué prefieres, acostarte “x” veces con el tío más feo del pueblo o que te apuñalen en el estómago?” o una de mis favoritas, “¿Qué prefieres, padecer obesidad mórbida por el resto de tus días, o quedarte calva para siempre y sin posibilidad de injerto de pelo?”, cosas así, vamos, lo normal. Pues yo creo que Jack Nicholson había jugado al “Qué prefieres…” cuando se decantó por rodar “Cuando menos te lo esperas” (Nancy Meyers, 2003). Cierto que el reparto está lleno de estrellas de supernivel, pero es que Jack está mucho más allá que éste, él es una leyenda, es casi Dios, y esta película es un tostón demasiado grande para Mr. Gettis, Frank Costello, Melvin Udall o Jack Torrance. Mi opinión, Nancy Meyers debe tener superpoderes o resultar muy amenazante y agresiva, porque también hizo que Mel Gibson se pusiera en ridículo ante el mundo llevando pantys y esmalte de uñas…

Cogí asco a Abba con esta película. Cuando vi “Mamma Mia!” (Phyllida Lloyd, 2008) tuve pesadillas toda la noche por culpa de esos bailes y esas canciones; no digo más que desperté cantando “Dancing Queen” con cara de amargá, qué horror… y lo peor de la cinta no es sólo el infernal y constante ritmo de Abba, también lo es el argumento absurdo y la actuación de Meryl Streep de niñata encerrada en el cuerpo de una mujer de mediana edad que parece un pocoborderline… No hace falta que diga más sobre ella, (16 nominaciones a los Oscar, 25 a los Globos de Oro, “Memorias de África”, “Kramer contra Kramer”, “Los puentes de Madison”, “La duda”, “La decisión de Sophie”, etc.). El “Qué prefieres…” con ella tuvo que ser de lo más interesante.

A veces no hace falta ser tan gore para atacar el trabajo de algún grande del oficio. Supongo que Kevin Smith no andaba demasiado bien de dinero, o estaba comido por la pereza, cuando aceptó dirigir “Vaya par de polis” (Kevin Smith, 2010). Y digo esto porque éste es el primer trabajo del director distribuído por un gran Estudio (la Warner, por cierto) y el resultado fue un trabajo pésimo, la típica tontería comercial por la que sería un crimen pagar para ver, una pavá, que diríamos en mi pueblo, de las grandes y muy alejada de sus anteriores trabajos. Adoro a Smith desde que vi “Clerks”, “Dogma”, “Persiguiendo a Amy” o “Mallrats”, y su creación de Jay y Bob “El silencioso” me flipa, pero de que vi “Vaya par de polis” casi cojo un vuelo a LA y me emprendo a hostias con él. Un poquito de por favor, ¡hombre ya!

Desafortunadamente, éstos son sólo algunos casos, también podríamos hablar deRobert DeNiro y “Stone” (John Curran, 2010), Shirley MaClaine y “Embrujada” (Nora Ephron, 2005) o Michael Caine y “Miss Agente Especial” (Donald Petrie, 2000).

Quitémonos las penas bailando.

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NO ME CHILLES QUE NO TE VEO

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Qué mejor manera de empezar un blog cinéfilo que haciendo un repaso rápido de algunos de los clásicos más importantes del cine. Aviso que he puesto ON el modo spoiler, así que cuidadín si no habéis visto todas las películas que voy a revisar porque os puedo fastidiar el final. Avisados estáis y avisados vamos.

De todas formas, si leéis lo que escribo es porque os interesa el Cine, y si os llamáis cinéfilos o proyectos de serlo, a estas alturas de la vida deberíais haber visto todas estas películas. He hablado.

Casablanca (Michael Curtiz, 1942): Rick es el tipo más guay de Casablanca. Regenta un café que lleva su nombre en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Todo el mundo quiere a Rick, pero Rick no quiere a nadie. Sólo tiene una debilidad: la preciosa Ilsa, su gran amor de París, lo que siempre les quedará… Cada vez que ve a su amada, pide a su fiel amigo Sam que toque al piano “As time goes by”. Al final, por caprichos de la vida, nuestro galán se ve obligado a elegir entre su chica o ayudar a la Resistencia, y elige lo segundo. Al menos le queda el consuelo del descubrimiento de una gran amistad.

Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959): Joe y Jerry son testigos de un asesinato y en su huída acaban disfrazados de mujeres en un tren plagado de más mujeres que se dedican al espectáculo. Una de ellas es Sugar Kane, y ambos caen rendidos ante ella (y quién no lo haría, Sugar era Marilyn Monroe). Después de muchos malentendidos de género, Sugar y Joe acaban juntos y Jerry recibe la proposición matrimonial de un millonario al que no le importa la imperfección.

El bueno, el feo y el malo (Sergio Leone, 1966): Rubio (el bueno), Tuco (el feo) y Sentencia (el malo) son tres cazadores de recompensas que persiguen el mismo tesoro, que se encuentra enterrado en un cementerio. Rubio y su poncho saben cuál es la tumba bajo la que se esconde el tesoro, por lo que los otros no pueden matarle (pero Rubio es Clint Eastwood, ¿quién iba a matar a Clint?) y Feo sabe cuál es el cementerio en cuestión, por lo que tampoco conviene deshacerse de él. La cosa se resuelve en un duelo a tres en el cementerio a ritmo de silbido y del que, ¡oh, sorpresa!, Bueno se lleva el podio.

La semilla del diablo (Roman Polansky, 1968): Rosemary es una joven que se traslada a vivir con su marido, un actor de segunda llamado Guy, a un apartamento situado en frente del Central Park (el cómo pueden permitirse semejante lugar es una buena pregunta, sí). El caso es que deciden tener un hijo, y después de ser drogada por sus vecinos, Rosemary queda embarazada al tiempo que Guy empieza a cosechar éxitos en su trabajo. ¿Coincidencia? No lo creo… Más tarde nuestra víctima descubre que fue violada por el mismo Diablo en un trato que su marido realizó con sus ancianos vecinos y por el que obtendría triunfos como actor. Moraleja: no os caséis con un actor.

La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971): Alex es un joven de 17 años y fan de Beethoven que va por ahí junto a sus colegas drugos pegando al personal y bebiendo leche a tutiplén. Cuando Alex acude a rehabilitación es instruido por el método Ludovico, por el que le forzarán a escuchar a Beethoven mientras ve escenas de extrema violencia. Cuando sale de allí, el tío es incapaz de matar una mosca, y lo que es peor, incapaz de escuchar a su admirado compositor alemán de nuevo; para colmo, ahora es él quien recibe leches por doquier. Después de un intento de suicidio, el tío acaba echando un polvo en la nieve entre una gran ovación. ¿Estamos hablando de un final triste o un final feliz?Qué más da, el caso es que es un final.

El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972): Me remitiré a lecciones de negocios de don Vito Corleone. Primero, mata el caballo favorito de tu enemigo y haz que se despierte junto a la cabeza del malogrado animal. Segundo, mata al Capitán de policía. Y tercero, mata al resto de tus enemigos en el bautizo de tu sobrino.

Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976): Travis es el “típico” taxista neoyorquino: loco, violento, desequilibrado, que en tu primera cita te lleva a ver porno. Nuestro “caballero” se obsesiona con salvar a una niña prostituta, se rapa la cabeza, habla consigo mismo frente al espejo e intenta asesinar al Senador, pero falla. Al que sí mata es a un proxeneta, por lo que es aclamado como un héroe. Conclusión: cualquier cosa puede pasar en NY.

El resplandor (Stanley Kubrick, 1980): Jack es un escritor al que envían a trabajar durante 4 meses a un hotel abandonado. Allí se instalará con su mujer y su pequeño hijo Danny, quien posee el don del Resplandor. A medida que pasa el tiempo, a Jack se le va cada vez más la cabeza, hasta el punto tomarse unas copas con unos fantasmas reunidos en una fiesta de los años veinte e incluso tener un affaire con una muerta mohosa en la habitación 237. Al final se le termina de ir la pinza del todo y empieza a perseguir a su familia hacha en mano, mientras en el exterior una gran nevada los aísla del mundo. ¿Creen que su mujer maldijo la nevada? Pues se equivocan, todavía da gracias por ello.

Atracción fatal (Adrian Lyne, 1987): Dan es un atractivo padre de familia que un día conoce a Alex Forrest, colega suya y en apariencia normal (a pesar de ese pelo y ese extraño bronceado), y tienen una aventura. Al principio el sexo era genial, pero supongo que fue decayendo porque Dan empieza a huir de su amante bronceada, quien a su vez se va volviendo cada día más loca (literalmente) por él, (¡incluso cocina al adorable conejo de la hija de Dan sin ninguna intención de comérselo!). Total, que como se veía venir, Alex intenta asesinar a la mujer de Dan con un cuchillo de carnicero, pero le sale el tiro por la culata y el fiambre es ella. Conclusión: no pasa nada si tu marido te pone los cuernos, salva su vida y la tuya y el amor volverá a vuestro hogar.

Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994): Forrest Gump es un chico de Alabama con cierto retraso mental que habla con extraños en las paradas de autobús, (es el típico tío junto al que evitas sentarte, vamos). El chico hace un repaso de su vida a las personas que se sientan junto a él para esperar el autobús; les atrae ofreciéndoles bombones cual Manolo Brajones ofreciendo caramelos a los niños y les demuestra que la vida es como una caja de los primeros, nunca sabes lo que te va a tocar. Resulta que el que parecía un poco tonto participó en los mayores acontecimientos de la historia reciente norteamericana (incluso fue él quien enseñó a Elvis a mover las caderas). Como quien no quiere la cosa, consiguió que su amor de toda la vida, “Jeeenny”, como él la llamaba, le diera un hijo con una inteligencia inversamente proporcional a la suya.

YO SÉ QUÉ FUE DE BABY JANE

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Si después de leer el título del blog te estás preguntando que de qué narices va todo esto, mi consejo es que dejes de leer, porque seguramente no te interese en absoluto.

Los que sí entendieron que con el nombre de mi querido y nuevo blog hago referencia a una obra maestra del Cine, give me five!

En fin, al grano. Soy Baby Jane Hudson, el álter ego de Bette Davis en “¿Qué fue de Baby Jane?” (Robert Aldrich, 1962), algo recuperada de mis últimos delirios psicóticos.

El qué pinto yo aquí es muy simple. Dispongo de bastante tiempo libre, y después de meditarlo mucho, creo conveniente que sería más productivo para mi vida dedicar un poco más de tiempo a escribir y revelar al mundo mis conocimientos cinéfilos (vamos a llamarlos así) y menos a beber cerveza. La consecuencia de esta especie de polvo mental es mi recién nacido blog.

Mi objetivo es hablar del significado que puedan tener para mí ciertas películas, personajes, actores, actrices, directores, premios, encuestas, proyectos, etc., y hacerlo en una clave subjetiva, ciertamente humorística, basada en experiencias personales y sobre todo, utilizando mi inevitable espontaneidad; lo que vulgarmente diríamos que, “haré lo que me salga de ahí”.

Mis fuentes de inspiración van desde Matt Groening, Quentin Tarantino, Billy Wilder y Kevin Smith a Truman Capote, Lord Henry Wotton e Iván Ferreiro, pasando por Robin Scherbatsky, Barney Stinson, Chandler Bing y Dexter Morgan, sin olvidar el alcohol y mis mejores amigos/as, con mención especial a mi sister, Maite Fosforita (léanse su maravilloso blogEl lazo lazy).

Explico lo del disfrute etílico. Algunos artistas se inspiraban fumando opio, ¿no?, pues como yo no soy artista, sino alguien más mediocre, me sirvo de una droga menos sofisticada para realizar mis creaciones. Tampoco vayan a pensar que bebo a deshoras, ¡Dios me libre!, es sólo que notarán que unas veces mis entradas les resultarán divertidas y otras no tanto. Ahí tienen la respuesta (yo estaría más atento/a los domingos…).

Espero les guste lo que quiera que salga de aquí, y si no es así, tengan cuidado si aparezco con la cena en bandeja de plata…